
Mundo Bebé

Últimamente se escucha por todas partes que hay que “educar a nuestros hijos con amor”, que “hay que poner límites de forma afectiva” y muchos padres desean hacerlo pero no saben cómo.
Bueno pues este artículo pretende dejar un concepto claro de lo que son los límites y cómo es que se puede lograr que los hijos los respeten y los cumplan.
¿Qué son los límites? Bueno pues los límites son también conocidos como reglas y nos sirven para contener, dar estructura y formar hábitos tanto en nuestros hijos como en los adultos. También sirven para que la convivencia en diferentes entornos sociales sea saludable y óptima para las personas que se encuentran dentro del grupo, como por ejemplo en la familia o en la escuela.
Es importante que al poner reglas o límites a nuestros hijos no lo hagamos con ningún temor o idea de que los vamos a afectar de alguna manera, al contrario, esto les va a servir para toda su vida. Hay algunos padres que temen ponerles límites o reglas a sus hijos ya que tienen la idea de que serán vistos como malos, autoritarios y sin sentimientos; pero lo que realmente le hace daño a nuestros hijos es que estos límites no existan dentro de casa.
Para que las reglas que pongamos sean realmente efectivas hay que tomar en cuenta diferentes factores:
• Que la regla se conozca; es decir, que el niño sepa que hay una regla que se debe cumplir, por ejemplo recoger los juguetes después de utilizarlos.
• Que la regla sea clara, no se vale que una vez pidas algo y otras veces no. Una vez establecida la regla debemos ser constantes y asegurarnos que su cumplimiento no dependa de nuestro humor o distintas circunstancias, por ejemplo: “recoge ahora mismo tu cuarto porque van a venir visitas”, pero si no van a haber visitas somos más flexibles.
• Si la regla no es cumplida debe haber una consecuencia, obviamente esta se debe exponer al mismo tiempo de dar a conocer la regla, por ejemplo: si no recoges tus juguetes cuando los uses, al día siguiente queda prohibido jugar.
• La edad de nuestros hijos, dependiendo de la edad que tengan las reglas van a ir variando como varían sus actividades, sus capacidades y sus responsabilidades.
También es importante que tanto las reglas como las consecuencias se decidan en pareja y después sean consensuadas con los hijos para que todos vayan fluyendo en sintonía y eviten malos entendidos posteriormente.
Recuerda que educar con amor a tus hijos no es una labor sencilla pero al final es bastante gratificante.

Educa
con
amor
¿En qué etapa de crecimiento de los hijos es mejor que los padres se divorcien? Algunos piensan que cuando los niños son pequeños; otros, que durante su adultez. La separación es una decisión de pareja y las consecuencias que acarrea son personales.
Pero no debemos olvidar la realidad: los padres siempre serán los padres, y así también los hijos. Basados en el hecho de que los vínculos entre padres e hijos son permanentes y fuertes, me atrevo a decir que la comunicación entre la ex pareja y los hijos no debe disminuir.
Entre los padres divorciados, haya rencor o no, se puede volver menos cercana e íntima la comunicación; sin embargo, ésta no debe faltar ya que existe la necesidad de hablar acerca de los hijos.
Aquí se trata de sobreponerse a lo personal para invitar al diálogo. ¡Qué difícil! Y más cuando el distanciamiento entre las dos personas se dio por circunstancias tan complejas como la infidelidad. Sólo es justificable el total distanciamiento entre ambos si existe alguna situación violenta.
La comunicación es necesaria porque los niños necesitan la atención y el amor de ambos padres. Cada uno ocupa un lugar muy especial en su afecto, y es necesario que entre los dos exista armonía para seguir viendo por el sano crecimiento de sus hijos.
Es importante que ninguno de los padres les utilice como medio de venganza o para acentuar más sus diferencias. Recordemos que los hijos no pidieron venir a nuestro espacio y si nosotros los recibimos es porque pensamos en que las condiciones para acogerles serán óptimas.
Si la vida no sale como la planeamos, revisemos en nuestra agenda qué nos faltó por hacer, qué nos faltó por decir y qué necesitamos cambiar en nuestro interior para integrarnos a esta nueva vida en una forma más completa y madura.
Invito a las parejas divorciadas a hacer a un lado los sentimientos mezquinos, las diferencias, el desamor e incluso el odio para dar paso a un nuevo vínculo: seguir en diálogo juntos por el bienestar de los hijos. Ellos, al final de cuentas, lo agradecerán algún día.









